mayo 18, 2008

Analgesia del parto

Filed under: Embarazo — @ 9:14 pm

epidural

Desde sus orígenes, la Humanidad tomó conciencia de que el trabajo de parto implica dolor, esfuerzo y riesgo. Todas las culturas, hasta nuestros días, educaron a múltiples generaciones de mujeres en la resignación y la ignorancia, que derivaron en temor ante el trance del parto
La solidaridad hacia la parturienta se expresó por medio de prácticas religiosas, supersticiosas, mágicas y médicas, acompañadas de una escasa o nula información.
La medicina moderna no pudo permanecer ajena a la problemática del dolor en el parto y desfilaron variadas técnicas para aliviarlo: analgésicos orales o inyectables, inhalación de anestésicos generales, infiltración con anestésicos locales de nervios, a través de las paredes de la vagina, etc. En 1847 el Dr. Simpson adoptó el cloroformo. El método se extendió y adquirió mayor relevancia después que la Reina Victoria diera a luz al Príncipe Leopoldo, mientras recibía cloroformo de manos del Dr. Simón Snow. La “Anestesia a la Reina” fue el origen de técnicas inhalatorias de alivio del dolor en el parto, abandonadas luego de algunos decenios por causar riesgos para la madre y para el recién nacido.
En general, todos estos intentos fracasaron por diversas causas: ser escasamente eficaces en el alivio de la parturienta; interferir en el trabajo de parto; ser riesgosos para la madre y el recién nacido; etc.
Analgesia peridural
Hoy en día hablar de analgesia en el parto es casi sinónimo de analgesia peridural. Este procedimiento consiste en bloquear los “mensajes” que se trasmiten por los nervios a nivel del espacio peridural, por fuera del raquídeo o dural (sin alcanzar el líquido céfalo-raquídeo ni tocar la médula espinal), a las raíces nerviosas que conducen al sistema nervioso central las sensaciones dolorosas provocadas por el parto, sin afectar las contracciones del útero ni la circulación placentaria que nutre al feto.
Pretende aliviar a la madre, no anestesiarla totalmente a costa de la prosecución normal del parto o de la vitalidad del recién nacido. Requiere el consentimiento y la colaboración de la paciente, y se puede iniciar desde los cuatro centímetros de dilatación.
Se traslada la paciente a Sala de Parto y, en condiciones de asepsia absoluta, con anestesia local previa, se inserta un catéter (tubo de plástico) muy fino, a nivel de la zona lumbar, por medio de la colocación de una aguja, la cual se retira,
quedando sólo el catéter. El procedimiento es muy poco molesto e insume diez o quince minutos y el alivio comienza a los diez minutos de realizada la punción. Las dosis sucesivas -tantas como sean necesarias hasta finalizar el parto, se realizan en la habitación, a intervalos variables, generalmente cercanos a las dos horas en la medida en que la madre comienza a experimentar nuevamente dolor. Cada nueva inyección es totalmente indolora ya que se realiza a través del catéter.
En caso de que fuera necesaria una cesárea, se refuerza la analgesia convirtiéndose ésta en una verdadera anestesia peridural, permitiendo a la paciente asistir consciente y sin dolores a la intervención quirúrgica y al nacimiento del niño. El recién nacido no es afectado por esta técnica cuando es correctamente realizada y los controles de vitalidad son superiores, estadísticamente hablando, a los de los bebés nacidos por partos sin analgesia.
Resultados exitosos
Los resultados en cuanto a alivio del dolor, en manos de médicos competentes, son aproximadamente: 85% éxito total, 12%) éxito relativo y un 3% sin éxito en el alivio.
Las contraindicaciones son muy escasas y hasta excepcionales. Las mismas pueden tratarse de pacientes con infecciones en la piel donde se realizará la punción o de pacientes con severas desviaciones de la columna vertebral.
La habilidad del técnico estriba en mantener el equilibrio de calmar el dolor sin interferir con la normal evolución del parto ni deprimir al recién nacido.

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