abril 9, 2012

Recuperar sensualidad

Filed under: Consejos,Sexualidad — admin @ 5:49 pm

Recuperar sensualidad.
Como casi todo en la vida, alimentarse de forma adecuada exige una dosis de esfuerzo y voluntad. Pero reeducar los impulsos hacia ciertos alimentos no significa menos placer sino lo contrario: se descubren nuevos sabores y texturas más sutiles. Ks decir, se aprende a disfrutar realmente de lodo lo que puede aportar una amplísima variedad de alimentos. Ocurre a menudo que las personas que aseguran que disfrutan comiendo en realidad se limitan a unos pocos alimentos y siempre a los mismos sabores, generalmente intensos. Pero en realidad los dibujos de calidad no son los que presentan los trazos más gruesos y los colores más chillones. Por otra parte, la sociedad del bienestar se ha organizado de manera que los alimentos que gustan a la mayoría -no siempre los más sanos- sean fácilmente asequibles, por lo que seguir una dieta de calidad significa a veces apartarse un poco de las tendencias generales y ser más exigentes.
El auténtico placer gastronómico es complejo: se reacciona no sólo frente a los olores, sabores y texturas de los alimentos sino también ante sus asociaciones. Por ejemplo, es fácil responder positivamente ante una comida preparada con cariño y atención, y negativamente ante un plato cocinado sin esmero. Las recetas más sencillas pueden ser extraordinariamente satisfactorias si se preparan y sirven con la intención de dar amor a la vez que sustento. Por otra parte, en el acto de comer se puede extender el placer desde los sentidos hasta la conciencia: imaginar toda la vida del alimento que se lleva a la boca, cuando era semilla, el crecimiento estimulado por el sol y el agua, el trabajo paciente de los agricultores, y agradecer a la tierra su regalo.
Es cierto que es necesario disponer del tiempo suficiente para organizar, cocinar y paladear la comida. Ni la salud ni el placer se llevan bien con las prisas. Hay que conceder un lugar de importancia a la preparación y al momento de la comida, en el que además de una necesidad biológica se satisfacen las necesidades de encontrarse y comunicarse con los demás. Cuando las condiciones de vida no permitan hacer un alto varias veces al día para sentarse en torno a una mesa y celebrar el ritual de la comida compartida, es preferible elegir al menos uno -la cena, por ejemplo- para respetarlo diariamente. De ese modo, el acto de comer con otros constituye un ritual que transforma el mero acto mecánico de la ingesta en un momento en el que placer y salud se encuentren a través de la alimentación.
Reunirse para compartir los alimentos es un comportamiento que el ser humano tiene en común con otros animales, la palabra compañero deriva de la palabra latina pañis, pan. Partir el pan juntos simboliza un vínculo social fundamental. Por eso todas las festividades se celebran comiendo en compañía. Estas celebraciones con sus platos especiales renuevan los lazos entre los amigos, los familiares e incluso las comunidades culturales.

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