septiembre 26, 2008

Los niños también se deprimen

Filed under: Bebes y niños — admin @ 12:46 pm

La depresión es un problema que afecta también a los niños. Aunque sea difícil de creer, inclusive un bebé puede presentar un cuadro depresivo.

¿Por qué se deprimen los niños?
Las causas más comunes tienen que ver generalmente con crisis vitales. Por ejemplo, las pérdidas: puede ser la muerte de un familiar, la separación de sus padres, una mudanza, el nacimiento de un hermano, etc. La tristeza que manifiesta frente a estas situaciones se sana mientras no persista demasiado tiempo.
Pero a veces la depresión se presenta sin causa aparente. En este caso, es probable que algo en el interior de la familia esté perturbando al chico. Tal vez los papas se pelean demasiado o están angustiados y le transmiten su angustia.
¿Cuáles son los signos?
Cuando los papas dicen: “Mi hijo es un santo, nunca molesta”, deberían discriminar si esa tranquilidad no es excesiva. Un chico movedizo, curioso, que “hace lío”, es un chico sano. Los niños depresivos presentan una llamativa desatención por lo que los rodea, están muy concentrados en sí mismos, no participan en juegos, se sienten desganados y tienen dificultades para comunicarse con los demás.
Por eso, los padres deben prestar particular atención a los cambios repentinos en el comportamiento, que se pueden manifestar así:
♦ Tristeza: Los chicos depresivos pueden parecer tristes o llorar frecuentemente sin motivo, pero a veces los signos de tristeza más sutiles como, por ejemplo, quejas de aburrimiento.
♦ Pérdida de interés: Si su hijo pasa demasiadas horas frente al televisor y no quiere hacer ninguna otra cosa, esté alerta.
♦ Bajo rendimiento escolar:
Ante este hecho es aconsejable hablar con la maestra para detectar juntas las causas y ver qué actitud tomar.
♦ Dificultades para conciliar el sueño: Cuando un chico tiene pesadillas nocturnas frecuentes y se despierta varias veces por la noche, significa que algo lo está preocupando.  También
puede suceder que duerma demasiadas horas, más de las que necesita (eso pasa, sobre todo, en bebés o púberes).

♦ Trastornos en la alimentación: Una inexplicable inapetencia y su consecuente pérdida de peso debe ser investigada para descartar causas orgánicas. Recién entonces hay que considerar la depresión como una posibilidad. También se da el caso de chicos que reaccionan de manera inversa, comiendo demasiado y engordando muchos kilos.
♦ Otros síntomas físicos:
Constipación, dolores recurrentes en el estómago o en la cabeza reconocen a menudo sus raíces en la depresión. Pueden aparecer también los llamados “síntomas vagos”, sin origen orgánico, como dolores en el pecho o alteraciones en el ritmo respiratorio.
♦ Las enfermedades: Un chico asmático o con alguna otra enfermedad crónica tiende, frecuentemente, a deprimirse porque se siente diferente de los demás.
¿Qué hacemos los padres?
Hay veces que no damos importancia a aquellas pequeñas cosas que pueden estar indicándonos la presencia de la depresión en nuestro hijo y que, si no son detectadas a tiempo, pueden alterar su salud. Una actitud positiva de nuestra parte consiste en:
♦ Observar a nuestro hijo; estar atentos a lo que le pasa.
♦ Aproximarnos a él, hablarle, preguntarle lo que necesita (si persiste en una actitud depresiva, debemos consultar al pediatra).
♦ Demostrarle cariño y aumentar la calidad del tiempo que pasamos con él.
♦ Un bebé puede salir adelante a través de la estimulación de la mamá. Quizás el niño necesita que le hablemos más o juguemos más con él.
♦ Frente a un duelo o a una separación de los papas, lo conveniente es no ocultar lo que pasa; plantearle las cosas de la mejor manera posible y en dosis adecuadas.
Si la familia no es lo suficientemente continente, tal vez sea necesario recurrir a una terapia.

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