
El uso de homeopatÃa en los niños mantiene los principios generales de la doctrina homeopática: la ley de similitud, la experimentación en el individuo sano, el uso de un solo remedio y potencias que en este caso son infinitesimales. Es decir que no hay una diferencia en el uso del medicamento en el niño con respecto al adulto, sobre todo a partir de los 3 o 4 años.
Pero en el caso de los lactantes pueden surgir algunas diferenciaciones. Según el doctor Julio Ambrós, pediatra y homeópata, “con frecuencia recibimos a lactantes de diez dÃas de vida, o veinte, con alguna patologÃa y tenemos que recurrir al estudio de la madre durante ese embarazo. Sobre todo para tomar sÃntomas, si los ha habido, para acoplarlos y sumarlos a los pocos sÃntomas que nos da ese bebé en el momento del examen. Por ejemplo, hace poco me trajeron a un bebé de dos meses, que tenÃa aún una ictericia prolongada -ese tono amarillo en la piel que generalmente no dura más que unas horas o un par de dÃas-. Pude obtener el remedio indicado a través de un temblor en el mentón que el chiquito mostraba. No habÃa otra cosa, aparte del sÃntoma de la ictericia. En estos casos tenemos que aguzar mucho la percepción de los sÃntomas objetivos para encontrar una respuesta efectiva”.
El sÃntoma objetivo es lo que el médico encuentra, ve e interpreta en la consulta directa. Cuando se habla de niños, estos sÃntomas sólo traducen lo que se puede ver, pesar o tocar -un hÃgado grande, profusión de verrugas, etcétera-, y los otros sÃntomas deben tomarse a través del padre, de la madre, de una abuela… Y cada uno tiene su pensamiento, cada cual “explica” a su modo cómo es ese bebé. Muchas veces el sÃntoma que se encuentra en la consulta es anÃmico o de carácter (como ser una conducta o actitud). La homeopatÃa ofrece al pediatra una gran posibilidad, que es corregir los estigmas que el chico hereda.
LA FUERZA VITAL DEL NIÃO
Algo inmensamente útil en pediatrÃa es la capacidad de reacción del niño. Este tiene una fuerza vital plena de energÃa y tiene menos patologÃa que el adulto Desde la homeopatÃa, la respuesta del niño es fabulosa. Y la mayor contra es la ansiedad de los padres. Estos están acostumbrados al médico alópata que si el niño tiene un dolor le da un analgésico o tiene una infección y enseguida le da un antibiótico. La medicina “anti”: antibiótico, antiespasmódico, antifebril, antidiarreico… El pediatra homeópata, en cambio, tratará al niño de una manera totalmente distinta. En primer lugar, comprendiéndolo como un ser completo y global. No sólo se intetesará en el chico, sino también en todos y todo lo que lo rodea. Porque el la familia y el ambiente también pueden enfermar.
¿Cuántos niños enferman a partir de ingresar al colegio, y las personas dicen “Ah, sÃ, se contagió una gripe de algún compañerito…”. Esa es una posibilidad, sÃ, pero también podrÃa ser que ese niño no se hubiera adaptado, y por esta razón se enferma. Porque se desequilibra, como prefiere decir un homeópata. Entonces mostrará trastornos en su fuerza vital, se hará más sensible a los cambios de temperatura y los trastornos alimentarios, a todo lo que lo rodea en el sentido de agresividad, emocionalmente…
¿De qué forma un niño expresa no haber podido adaptarse? Eso depende de la herencia. Si los padres o los abuelos son asmáticos, va a hacer episodios de asma. Si hay antecedentes de colon irritable, el niño tendrá un problema intestinal. De ahà la gran importancia y utilidad que esos datos familiares tienen para el médico en el momento de realizar el diagnóstico.
SÃNTOMAS Y ESFUERZOS CURATIVOS
¿Qué es lo que más ven los pediatras como motivo de consulta en los últimos años?
Los problemas alérgicos. Las infecciones de garganta, siempte tratadas con antibióticos, como las supuraciones de oÃdos, las enfermedades de piel, el asma y los broncoespasmos a repetición: situaciones que la medicina alopática no termina de manejar.
Cuando el pediatra da el medicamento homeopático, no solo se ve la mejorÃa especÃfica sino que cambia todo: el carácter, el sueño y su relación con el mundo.
“Muchas veces me traen chicos agresivos y crueles”, relata el doctor Ambrós. “Esos que son mal vistos en los jardines de infantes porque muerden a sus compañeros o los golpean. Encontrando el medicamento que responde a los sÃntomas más importantes del chico, logramos el equilibrio general”.
¿Cuáles son esos sÃntomas más importantes?
Los cambios de carácter y los deseos instintivos. Tiene mucho valor que a un niño, por ejemplo, le gusten los alimentos grasos cuando otro los rechaza, o que el chico no quiera cosas dulces cuando se supone que todos las adoran, o que chupe la sal del salero o se desviva por la leche…Todos estos son datos de mucho valor que se agregan al conocimiento de ese niño.
Y luego viene la observación de los sÃntomas generales del niño. Por ejemplo, uno de los más importantes es la transpiración: hay chicos que mojan la almohada, y el médico alópata suele decir ante la consulta que eso no tiene importancia. Para la homeopatÃa la tiene, y mucha. La transpiración muestra un desequilibrio en el niño. Por ejemplo, los que transpiran muchos los pies, con fuerte olor es probable que estén expresando una gran autointoxicación y curando su organismo a través de eso. SerÃa un error muy grande combatir esa transpiración.
Esto remite a un principio básico, que nuestro asesor define asÃ: “Respetamos los esfuerzos curativos de la fuerza vital de cada paciente”. ¿Qué significa esto? “Si usted vieta cuántas veces tratamos chicos asmáticos, en los cuales buceando los antecedentes personales nos encontramos con un eczema curado con una pomada; es decir, suprimido. Ese niño entonces ya no vuelve al especialista de piel, que está contento porque terminó con el sÃntoma. Pero a los seis meses aparece el asma. O la colitis ulcerosa, o las co-vulsiones, o la diarrea, o el cambio de carácter. Y entonces dicen: esto es otra enfermedad. No, señor, no es asÔ.
Uno de los grandes errores de la medicina alopática es considerar que las enfermedades no tienen relación de continuidad. Los homeópatas dan gran importancia a la historia biopatográfi-ca, que es la cadena de procesos que el niño tuvo desde que nació, si fueron respetados, si fueron suprimidos o mal tratados, etcétera. A veces, la actitud del alópata, suprimiendo las enfermedades como si fueran expresiones locales -cada especialista viendo al cuerpo por el agujerito de su especialidad: el oculista los ojos, el dermatólogo la piel, etcétera.-, les hace olvidar que el organismo es un todo.
¿Qué significa para un homeópata, hacer el diagnóstico de un niño?
Buscar el remedio que cubra los sÃntomas del momento y de su historia bio-patológica. Una vez pasado el cuadro agudo, lo que se buscará es qué remedio corresponde a ese niño cuando está en equilibrio, al que se llamará remedio constitucional. Mediante el mismo, el chico mantendrá un estado de salud general y permanente.