El consumo moderado y continuo de vino puede no sólo ser beneficioso para prevenir enfermedades cardiovasculares, sino también colaborar en la prevención de la ceguera de los ancianos y de enfermedades como el Alzheimer. Según explican los cientÃficos el vino es un «alimento y no un medicamento» y, como tal, aporta al organismo sustancias beneficiosas, pero no puede ser parte de un trat; miento para solucionar una enfermedad.
Destacan la importancia de un estudio llamado «La paradoja francesa» en que se evidencian los altos niveles de colesterol registrados en Francia por un alto consumo de derivados lácteos y, «paradójicamente», una tasa cardiovascular baja, «la menor del mundo tras Japón», fruto de la llamada «cultura del vino» y su consumo moderado y continuo. «El vino contiene ácidos benzoicos, cinámicos, derivados de la tirosina, y otros elementos como antioxidantes, que benefician al organismo» una vez que éste los metaboliza.
«Los consumidores moderados de alcohol presentan tasas de incidencia cardiovascular más baja que los abstemios», aunque también recordó los efectos negativos de un consumo excesivo del alcohol y destacó la gran diferencia que existe entre las bebidas destiladas y el vino. El vino, y especialmente el tinto, gracias a los antioxidantes, se enfrenta a los procesos de oxidación y a la liberación de radicales libres, presentes en la mayorÃa de las enfermedades.
Sobre la incidencia de «este alimento» en la prevención de la ceguera de ancianos y el Alzheimer, existen indicios importantes sobre sus beneficios, pero aún queda por demostrar la medida concreta en la que se produce el efecto preventivo, «que existe al contener antioxidantes que intentan evitar la oxidación».
