Las personas que profesan creencias religiosas firmes y practican su fe de manera asidua tienen un 40 por ciento menos de probabilidades de sufrir alta presión sanguínea, según un reciente estudio científico. Las creencias religiosas fuertes ayudan a que los pacientes encuentren la paz y la esperanza en su situación, agrega el mismo. Como científicos, nosotros no podemos medir o estudiar el papel de lo sobrenatural, en cualquier creencia que se tenga, sobre el paciente, explican, «pero sí podemos documentar y estudiar la vinculación entre las creencias de una persona y la forma en que reacciona a las enfermedades».
«Las personas que tienen prácticas religiosas regulares, que asisten a una iglesia, rezan o leen la Biblia tienen niveles sustancialmente más bajos de presión sanguínea que quienes no lo hacen», afirma la investigación.