El acaro es diminuto, de unos 0,3 mm aproximadamente, y no se distingue a simple vista. Bajo el microscopio, su aspecto no es nada atractivo. Aun asÃ, es demasiado grande para inhalarlo por la nariz hacia los pulmones; las investigaciones han demostrado que el alérgeno causante del asma se encuentra en sus deposiciones. Se trata de una proteÃna que excreta el intestino del animal para digerir las escamas de piel humana que ha comido.
Estas minúsculas heces miden unas 20 mieras, es decir, veinte milésimas de milÃmetro. Se inspiran con facilidad por la nariz, donde causan rinitis perenne, y los fragmentos que llegan a los pulmones originan la reacción alérgica que provoca el asma. Se ha averiguado la naturaleza quÃmica de este alérgeno, que recibe el nombre de Der p i.
Aparte del dormitorio, los ácaros se concentran en la sala. En las alfombras y en los muebles tapizados la concentración puede superar el millar por gramo de polvo, lo que implica cantidades enormes de alérgeno que se inhala al sacudir el polvo o al pasar la aspiradora, asà como al dar vueltas en la cama al dormir. Durante su primer año de vida, un bebé que haya heredado la propensión a la alergia se sensibiliza al acaro del polvo doméstico si está expuesto a 100 ácaros por gramo de polvo. Si esta cifra alcanza los 500, pueden producirse crisis intensas.
