Por el momento, la gran virtud de tu familia ensamblada ¡es que es tuya!
¿Cómo se hace para encaminarse hacia la armonÃa familiar? Son varias las cosas en las que debes trabajar. Por eso es difÃcil (pero insisto: es posible). En mi libro lo explico en detalle; acá te puedo dar las grandes lÃneas: hay que empezar conversando con tu pareja los objetivos de la familia, y hay que acordar entre ambos adultos cuáles serán las normas de convivencia que la familia respetará.
Claro, me dirás que es más fácil decirlo que hacerlo, y tenes razón. ¡Si lo sabré! Sobre todo el tema de las normas, y peor cuando hay adolescentes en la familia. Algo muy tÃpico es que los hijastros se nieguen a obedecer al padrastro o a la madrastra, argumentando que “vos no sos nada mÃo”. Pero esto da para otro artÃculo completo.
Es más fácil si antes hubo un buen divorcio, donde los divorciados acuerdan seguir ejerciendo juntos la crianza, entonces los niños se sienten seguros y pueden dar la bienvenida a un padrastro o madrastra sin sentirse amenazados o envueltos en conflictos de lealtad. Es más fácil cuando los niños son pequeños. En cambio, la adolescencia ya es una etapa difÃcil para una familia biológica, cuanto más para una ensamblada, sobre todo en temas de autoridad y disciplina. Y la pre-adultez de los hijos, esa etapa donde por la edad ya podrÃan haberse ido de casa pero económicamente aún no lo logran, genera conflictos adicionales, sobre todo porque los padres biológicos naturalmente ya no tienen tantas ganas de seguir manteniéndolos, y menos los padrastros y madrastras. En mi libro no prometo felicidad permanente ni amor profundo. Pero a partir de una convivencia respetuosa se pueden ir construyendo sentimientos de afecto y pertenencia, se puede ir creando un clima emocional acogedor, de hogar, donde todos se sientan bienvenidos. Las caracterÃsticas personales de cada uno de los involucrados también inciden. Hay personas de carácter más adaptable y flexible que otras, más cariñosas, más empáticas. Las personas vengativas, manipuladoras, rÃgidas, egoÃstas, lo hacen más difÃcil. Pero si son personas normales, no patológicas, es posible hacer que depongan las armas y puedan ponerse en lugar del otro. Atención, que muchas veces estas personas que catalogamos de difÃciles, se comportan asà porque el sistema los lleva a defenderse; entonces cambiando la dinámica familiar, o sea la respuesta de los otros, se pueden habilitar comportamientos más simpáticos, propicios a la armonÃa. A veces alcanza con empezar a dar las gracias y a sonreÃr.
Si la relación entre los integrantes de una familia es mala, seguramente sea una familia infeliz, no importa si es biológica o ensamblada. Por mala yo entiendo una relación donde prima la desconfianza, las descalificaciones de unos hacia otros, la agresividad sin tregua. O el caso contrario: el abandono de los hijos que significa la omisión de lÃmites, o la omisión de la escucha, o del cariño. Ahora bien, la relación no tiene que ser ideal para que buena convivencia. Entre personas de diferente sangre se puede convivir en forma agradable aunque no se amen unos a otros, siempre que haya un mÃnimo de respeto y consideración mutua. Mientras tanto, déjame decirte que entre los objetivos, hay uno que debes tener siempre presente y practicarlo mucho: construir amor. Con paciencia y gentileza. Poquito a poco. Sin esperar amor instantáneo entre padrastros e hijastros, o entre hermanastros. Pero generando, cada dÃa, un ambiente de respeto a las diferencias, cuidado mutuo y gratitud hacia el esfuerzo del otro por convivir contigo. Un ambiente donde el amor pueda florecer. A su tiempo. Déjame redondear, entonces, este mensaje de optimismo. Tu familia ensamblada tal vez precise un tiempito más para empezar a derramar felicidad; pero ya llegará. Es como la amistad profunda con tu mejor amiga: se cocina a fuego lento, con cariño, con confianza, con esperanza. Y con dedicación. Tu tenes la fuerza y el coraje necesarios, es evidente: ¡ya lo has demostrado casándote por segunda vez!
