Respiración profunda en el subterráneo:
Durante mi primera visita a Moscú, un joven que habÃa almorzado en la misma mesa que yo en un restaurante entabló conversación conmigo y, en forma comedida, me preguntó en inglés dónde habÃa comprado el libro sobre Yoga que estaba junto a mi bobo. Cuando le expliqué que era la autora, me rogó encarecidamente que se lo vendiese. Al ver su enorme interés, no tuve más remedio que regalárselo. Le entregué mi ejemplar y mencioné, al pasar, que, gustosa, le enseñarÃa una manera fácil de dominar la técnica de la respiración profunda, pues pensé que tropezarÃa con dificultades para comprender las instrucciones en inglés.
El joven entusiasta del Yoga se empeñó en que le hiciera aquella demostración a toda costa. Desde luego, el restaurante no era el lugar apropiado paraesalección, como tampoco.lo era la concurrida calle ni el museo que visitamos, por ¿onde hormigueaba gente. Por fin decidimos que la estación de subte (metro) serÃa ideal. Apenas habÃa empezado mi demostración, se instaló en el andén de enfrente un policÃa suspicaz- No me pareció halagüeña la perspectiva de verme sometida a un intmogatorio policial, ya que habrÃa resultado inexplicable el motivo por el que una áudadana estadounidense, vestida al esrilo de la India, le hacÃa una demostración sobre respiración profunda a un joven ruso desconocido… ¡y nada menos que en la estación de subterráneos! En consecuencia, dimos por terminada la lección, mientras el joven aseguraba que me quedaba eternamente agradecido.
-Nunca me olvidaré esto -me dijo al despedirse.
-Yo tampoco – contesté y, con alegrÃa, le deseé la mejor de las suertes.
