enfermos mentales

El peligro de contraer enfermedades psiquiátricas de adultos es casi cuatro veces mayor entre los hijos de padres divorciados antes de que cumplieran sus 17 años.
Esta es una de las conclusiones de un estudio científico en el que los especialistas, son los primeros en investigar una hipótesis que el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, planteó a principios de este siglo acerca de la influencia de la pérdida de los padres sobre la salud mental de sus hijos cuando maduran.
Entre los enfermos mentales estudiados y que perdieron a sus progenitores, la influencia por el divorcio entre el padre y la madre probó ser significativamente mayor en comparación con la pérdida por muerte de alguno de ellos, según los investigadores. El estudio paralelo fue llevado a cabo entre personas mentalmente sanas que sirvieron como grupo de control y otras que padecen de depresión, tendencias maníaco depresivas y esquizofrenia, y teniendo en cuenta la edad, el sexo y su procedencia.
Una de las manifestaciones de ese paralelismo fue el estudio por “parejas” de un enfermo y otro sano, y así formaron 79 para estudiar la depresión, otras tantas para las tendencias maníaco depresivas y el mismo número para analizar casos de esquizofrenia.
La pérdida del padre o de la madre a una edad joven, hasta los 17 años de edad, se definió como la consecuencia de la muerte o porque esos hijos fueron abandonados para siempre, y así llegaron a determinar, por ejemplo, que el 29,1 por ciento de los enfermos depresivos que estudiaron los perdieron durante la infancia. Ese porcentaje en el grupo de comparación era de sólo el 7,6 por ciento, o sea 3,8 veces más entre los que perdieron a sus padres en la niñez y la adolescencia y enfermaron siendo adultos. También advirtieron que la pérdida de la madre tuvo mucho mayor influencia que la del padre entre esos enfermos mentales. El 17,7 por ciento de los maníaco depresivos estudiados perdió a uno de sus progenitores antes de cumplir 17 años, casi tres veces más que entre los del grupo de comparación o control, y fue casi tres veces mayor entre los que padecen de esquizofrenia. En los casos en que la pérdida se produjo antes de los nueve años de edad, esas enfermedades mentales les afectaron más de cuatro veces (4,3) que a sus “pares” no enfermos.