obsesiones

1. Celos y urticaria: cuando domina el miedo a ser abandonado, la piel, esa zona donde sucede el intercambio con el otro, responde con una molesta e inexplicable urticaria.
2. Codicia y estreñimiento: la avidez por el dinero, el deseo compulsivo de consumir, poseer y acumular, convierte al intestino en avaro, es cómplice a la hora de retener todo hasta el último sufrimiento.
3. Envidia y trastornos hepáticos: “La envidia corroe el hígado”, dice el refrán popular, y no es sólo una frase hecha. Ansiar continuamente lo ajeno es una obsesión que se metaboliza en esa viscera, en la vesícula biliar. Nos ponemos “verdes de envidia” (de bilis) en cada premio que recibe otro y el hígado lo paga.
4. Narcisismo y cefaleas: estar todo el día pensando en lograr un físico perfecto, siempre frente al espejo, siempre obsesionado por el atuendo, provoca una intensa ansiedad por el reflejo que los demás tienen de uno. El excesivo amor por el cuerpo propio logra un bloqueo en la percepción. El cerebro se cansa de mirarse a sí mismo, y transforma su aburrimiento en dolor de cabeza.
5. Ansiedad y artritis: si uno vive pendiente de lo que los demás piensan, o actúa de acuerdo a lo que la mayoría hace, alimenta una frustración que inevitablemente se convierte en ansiedad y en tensión, atacando los músculos y las articulaciones.