Quinoa

Tal vez nunca escuchó su nombre y sin embargo los pueblos preincaicos cultivaban la quinoa por lo menos desde el año 3000 a.c. Sus extraordinarias propiedades la convirtieron en una planta sagrada y por eso fue venerada por los antiguos Incas quienes la llamaron “Grano Madre”.
Se cuenta que los españoles prohibieron su cultivo, recelosos por la fortaleza que proporcionaba a los aborígenes o, tal vez, por su connotación mítica, y así cayó prácticamente en el olvido.
Pero en estos tiempos distintas situaciones se conjugan para darle el lugar de honor que se merece por sus extraordinarias cualidades. Y tal vez el mejor ejemplo de ello lo haya dado la reina Sofía de España, quien durante su visita a Bolivia se interesó por la quinoa y decidió incluirla en el menú de la boda de una de sus hijas.
En 1989 la Academia de Ciencias de Estados Unidos conmocionó a la comunidad científica con el informe “Los cultivos olvidados de los Incas”, en el cual se detallaban las excepcionales cualidades nutricionales de la quinoa.
Pero fue la NASA la que realizó mayores investigaciones, buscando alimentos altamente nutritivos que pudieran cultivarse en el espacio, adecuados para los viajes espaciales de larga duración. Y la humilde quinoa, junto con el amaranto, fueron los elegidos.

Señala Rebecca Wood, autora del libro Quinoa.- The Supergrain, que “Aunque ningún alimentó puede proporcionar todos los nutrientes esenciales para la vida, la quinoa se acerca más a esta exigencia que cualquier otro alimento de origen animal o vegetal”.
La semilla comestible de la planta es un pseudo-cereal, excepcionalmente alta en Lísina, un aminoácido que no abunda en el reini vegetal, buen complemento para las legumbres, que a menudo tienen poca metionina y cistina, es una buena fuente de fósforo, calcio, hierro, vitamina E y varias de las vitaminas del Complejo B. Cereales como la cebada, el maíz o el arroz tienen generalmente menos de la mitad de las proteínas de la quinoa.

Quinoa: más completa que la carne o la leche
Los aminoácidos son las sustancias que forman los cimientos estructurales de las proteínas. Son compuestos químico-orgánicos que se derivan de los ácidos orgánicos. Algunos aminoácidos pueden formarse u obtenerse de los productos de la digestión o por que el organismo los sintetiza a partir de otras sustancias. No obstante, hay otro tipo de aminoácidos, los llamados “aminoácidos esenciales” (diez de los veinte aminoácidos conocidos), que el organismo no puede formar a partir de otros elementos o compuestos. También se les conoce como los aminoácidos imprescindibles. En este caso, el organismo debe tomarlos directamente de la alimentación. Estos aminoácidos esenciales se hallan en los cereales, la carne, los huevos y la leche. Hasta hace unos veinticinco años, se consideraba a la carne, la leche y los huevos como los alimentos ejemplares en aminoácidos. Sin embargo, la investigación más reciente demostró que dos cereales igualan -el amaranto- o superan -la quinoa- a la composición de aminoácidos de aquellos otros alimentos. Con la ventaja de estar provistos de un buen equipamiento adicional de vitaminas, minerales y fibras, y de no tener exceso de grasas, colesterol ni ácido úrico.
La lisina es el más destacado de los diez aminoácidos esenciales. Es fundamental en la dieta de todos los animales superiores. Tiene funciones claves en el desarrollo de las células del cerebro humano y en el crecimiento del organismo. Por eso se asocia la lisina con el desarrollo de la inteligencia, la rapidez de los reflejos y otras funciones cerebrales como la memoria y el aprendizaje. Una dieta baja en lisina impide el crecimiento normal del organismo de los niños ni de sus funciones cerebrales. Y la quinoa es riquísima en lisina, algo así como un plus de todos sus beneficios.